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Esta es solo una escueta reflexión sobre
LA DECADENCIA DE LA MENTIRA
del escritor, poeta y dramaturgo irlandés
OSCAR WILDE

I
Hoy comencé a leer el degenere mental que Óscar Wilde transforma en líneas de dos personajes: Cyril y Vivian. La primera página escupe: Vamos a tumbarnos en la hierba, a fumar y a gozar de la naturaleza.

Dice Oscar Wilde que la gente ya no sabe mentir, que los escritores se preocupan demasiado en que sus historias sean tan semejantes a la vida que al final terminan perdiendo la verosimilitud. Un buen escritor, piensa él, es aquél que crea vidas lo suficientemente capaces de mantenerse por sí mismas. O que, cuando no puede hacerlo y recurre a su vida para crear otras, tiene la habilidad de no admitirlo, pues justificar que una mentira se hace mentira con bases en una verdad es fracasar como mentiroso. Y esto, que la gente ya no sepa mentir, o mejor dicho, que la gente ya no sepa crear y conservar una mentira, le ha costado muy caro a la literatura.  Él cree que el origen de esto se encuentra cuando una persona nace con tendencias a la exageración o la invención, pues en general la sociedad suele reprimir este don, y luego, cuando esa persona crece, se ve orillado a ser extremadamente cauteloso en todo lo que dice y hace, causando un declive o un estancamiento en su imaginación.

Entonces ¿qué  si vivimos en una mentira? Vivir en una verdad es doloroso, extremadamente cuadrado y simplón. Al final la mentira sale a la luz, pero una buena mentira es capaz de mantenerse por sí misma. Entonces no me importa mucho que mi vida sea una creación que por ende me llevará a ser una imaginación. Y puede que en realidad conocer a otra persona sea como cuando en las novelas se lee otra novela; tal vez nuestras existencias son solo una intertextualidad.  Existo. Existo. Existo. 

II

El arte tiene vida propia
Pasar del arte de un periodo de la historia al periodo mismo es el gran error de los historiadores.

La vida y la naturaleza son materia bruta del arte
Pero para que sean de utilidad hay que transformarlas a convenciones artísticas. Si el arte abdica de su medio imaginativo abdica de todo; se sugiere evitar la modernidad del asunto y de la forma. Un verdadero artista ve las cosas como NO son.

Y al final, ese deseo de morir que nos surgió después de leer a Goethe, es porque la vida imita al arte. Life imitates art. La vie imite l’art




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